
A mucha honra puedo decir que, con el paso del tiempo, he desarrollado la increíble y maravillosa habilidad de leer de mentira. Esta fabulosa técnica, muy superior a aquellas de lectura veloz, me permite en sólo tres minutos revisar la no despreciable suma de 500 correos electrónicos. Sin duda alguna, una prueba de la evolución humana.
Es curioso, pero cuando el computador me indica que tengo 1.000 o más mensajes sin atender, escucho una música celestial e inmediatamente adquiero la capacidad de ver sólo una palabra del asunto para tener la confianza que al presionar [SUPRIMIR] nadie se quejará con mi jefe. Además, este incomparable don me da muchas oportunidades para presumir, más aún cuando mis colegas me dicen "¿vamos por un café?", a lo cual yo tranquilamente les respondo "dame un minuto, que antes tengo que leer 7.263 correos".
A pesar de poseer este increíble talento, debo reconocer que no soy el único con súper poderes, pues existen sujetos con otras habilidades excepcionales, como por ejemplo trabajar de mentira, ser virgen de mentira o volver a la casa de mentira. Sin embargo, cuando pensaba que lo había visto todo, me percaté que existía gente con una facultad muy superior, también conocida como pensar de mentira.
Prácticamente todas las personas creen conocer a otras más estúpidas, que parecen haber sido creadas para recibir insultos, sin embargo muchas no lo son, ya que sólo hacen uso de su extraordinaria aptitud. Por ejemplo, si alguien les dice "tu esposa te está engañando" y responden "no, pobrecita de ella, es muy esforzada y trabaja toda la noche con su colega del cabello mojado", lo que realmente sucede es que están descartando toda la información que no contribuye con su tranquilidad.
Así entonces, mientras algunos se pasan todo el tiempo alegando que todo está mal, ellos se ven felices, con su sonrisa inmutable y su mirada perdida. Nunca usan su cerebro para analizar cosas negativas y siempre están cómodos, aunque sus colegas los repudien, sus esposas los dejen por otros y viajen en transporte público.
En definitiva, piense en aquel individuo al que siempre consideró el resultado de una multiplicación por cero, trate de recordar sus peores momentos y analice su reacción. Cuando lo insultaban ¿sonreía?, a pesar de las críticas ¿se mostraba indiferente?, después de ser increpado por su jefe ¿volvió a sus tareas con la misma ineptitud que lo caracteriza?. Si alguna de las respuestas fue positiva, tome una piedra y golpee su pecho, ya que conoce a un humano con una habilidad que sólo algunos desarrollarán al punto de convertirse en Súper Güeón'.
Dedicado a mi ex-amigo Mike.
