
No es que me gusten las frases repetidas, pero en cada oportunidad en la que he debido acabar con una rutina he confirmado que el ser humano es un animal de costumbres, especialmente cuando el hábito significa comodidad.
En consecuencia con lo recién descrito, me tardé varios meses en tomar la decisión de terminar con mi tercera novia:
- "Hola... ¿Juan?".
- "Sí, con él. ¿Cómo estás?".
- "Bien, ¿sabes?... tenía el presentimiento que me ibas a llamar para decirme algo importante. ¿Te sucede algo?", me dijo mientras yo balbuceaba maldiciones en contra del sexto sentido femenino.
- "¡Que casualidad!, en realidad quiero verte para conversar".
- "¡¿Conversar?!... ¿qué ocurre?... prefiero escuchar ahora mismo lo que me tengas que decir".
- "Sabes que no me gusta hablar por teléfono, juntémonos para hablar tranquilos", insistí.
- "¡¿Cómo crees que voy a estar tranquila?!, ¡dime que tienes antes que arme un escándalo!", me replicó casi gritando.
- "Por favor cálmate".
- "¡¿Calmarme?!... ¡¿acaso querí' terminar conmigo?!... ¡dímelo ahora!... ¿no eres tan hombrecito?".
- "¡Lo único que te he dicho es que quiero hablar contigo en persona!".
- "¡No!, ¡no te voy a dar ese gusto!, no es necesario, si ya me dijiste que estai' terminando conmigo güeón'", me gritó antes de colgar.
- "Hola... ¿Juan?".
- "Sí, con él. ¿Cómo estás?".
- "Bien, ¿sabes?... tenía el presentimiento que me ibas a llamar para decirme algo importante. ¿Te sucede algo?", me dijo mientras yo balbuceaba maldiciones en contra del sexto sentido femenino.
- "¡Que casualidad!, en realidad quiero verte para conversar".
- "¡¿Conversar?!... ¿qué ocurre?... prefiero escuchar ahora mismo lo que me tengas que decir".
- "Sabes que no me gusta hablar por teléfono, juntémonos para hablar tranquilos", insistí.
- "¡¿Cómo crees que voy a estar tranquila?!, ¡dime que tienes antes que arme un escándalo!", me replicó casi gritando.
- "Por favor cálmate".
- "¡¿Calmarme?!... ¡¿acaso querí' terminar conmigo?!... ¡dímelo ahora!... ¿no eres tan hombrecito?".
- "¡Lo único que te he dicho es que quiero hablar contigo en persona!".
- "¡No!, ¡no te voy a dar ese gusto!, no es necesario, si ya me dijiste que estai' terminando conmigo güeón'", me gritó antes de colgar.
Aunque todo sucedió más rápido que en el mejor de mis pronósticos, no logré obtener el resultado que esperaba, por lo cual insistí por varios días hasta que tuve la oportunidad de explicar mi decisión:
- "¿Realmente me entiendes?", pregunté después de hablar por algunos minutos.
- "¡Por supuesto!, conociendo tus verdaderos motivos ahora puedo comprenderte mucho mejor", me respondió con una voz angelical.
- "Que bien, es muy importante para mí... ¿crees que podamos llevarnos bien o al menos evitar que esto nos afecte en el trabajo?".
- "Cuenta con ello, he madurado lo suficiente para manejar cualquier situación difícil".
- "¿Realmente me entiendes?", pregunté después de hablar por algunos minutos.
- "¡Por supuesto!, conociendo tus verdaderos motivos ahora puedo comprenderte mucho mejor", me respondió con una voz angelical.
- "Que bien, es muy importante para mí... ¿crees que podamos llevarnos bien o al menos evitar que esto nos afecte en el trabajo?".
- "Cuenta con ello, he madurado lo suficiente para manejar cualquier situación difícil".
Fue así que transcurrieron más de dos meses en armonía, hasta el día en que una compañera de estudios fue a mi trabajo a buscar unos apuntes y yo, el súper caballero, la acompañé hasta la estación del tren subterráneo.
Íbamos caminando tranquilamente cuando, sin previo aviso, recibí un doloroso manotazo por la espalda. Sin entender que estaba sucediendo, me volví para ver quien me había golpeado, pero tan pronto como alcancé a ver a mi ex-novia enfurecida recibí una bofetada en la cara:
- "¡Güeón' maricón!, me estai' engañando", me gritó con el rostro desfigurado.
- "¡¿Cómo qué te estoy engañando?!, si nosotros terminamos hace un buen rato", repliqué cubriéndome.
- "¡Desgraciado!, me estai' jodiendo con esta y además la traí' al trabajo para reírte de mi", me dijo sin parar de lanzar manotazos.
- "¡Para!, que no te estoy jodiendo con nadie porque no estoy contigo", contesté a la vez que notaba que mi camisa estaba rasgada y sólo poseía un par de botones.
- "¡No me trates de confundir que no te voy a perdonar!", me gritó mientras intentaba agarrar mi cabello.
- "¡Güeón' maricón!, me estai' engañando", me gritó con el rostro desfigurado.
- "¡¿Cómo qué te estoy engañando?!, si nosotros terminamos hace un buen rato", repliqué cubriéndome.
- "¡Desgraciado!, me estai' jodiendo con esta y además la traí' al trabajo para reírte de mi", me dijo sin parar de lanzar manotazos.
- "¡Para!, que no te estoy jodiendo con nadie porque no estoy contigo", contesté a la vez que notaba que mi camisa estaba rasgada y sólo poseía un par de botones.
- "¡No me trates de confundir que no te voy a perdonar!", me gritó mientras intentaba agarrar mi cabello.
Sólo me bastó con estudiar superficialmente la situación en la que me encontraba para estar seguro que mi agresora no se calmaría aunque le cantara una canción de cuna, por lo que en cuanto noté que mi compañera no estaba, me zafé tan rápido como pude y corrí sin mirar atrás, mientras los numerosos automovilistas que estaban detenidos me aplaudían y gritaban toda clase de bromas acordes al espectáculo.
Aunque durante los siguientes meses, trabajando a pocos metros de mi ex-novia, llegué a tener un inusual nivel de estrés, hoy puedo decir confiado que tomé la decisión correcta, no sólo porque evité arrepentirme en el altar, sino porque aquel día comprendí que lo más malo de una rutina no es hacer lo mismo todo el tiempo, sino que dejar de hacer las cosas importantes en los momentos apropiados.
Dedicado a Daniel Labra, quien cada día está más cerca de ser aporreado.
Nota: Al poco tiempo de haber vivido esta experiencia tan especial me enteré del caso de una mujer celosa que le cortó el miembro a su pareja y, cuando se recuperó, lo quemó a lo bonzo...




